A veces uno pierde la esperanza, cuando eso que tanto quieres no llega del modo que te imaginabas, cuando se escapan los sueños de las manos peor que el agua, cuando las cosas se aclaran y descubres que no eran tan buenas cómo parecían. Y entonces, dicen, cuando estás en lo más profundo del pozo hay algo que te rescata, que te salva, que te devuelve lo perdido, que te regala lo buscado, que te permite encontrarte. Pero, ¿qué pasa cuando todos deciden dejarte en el pozo? ¿qué cuando no hay nadie que te tome de la mano? ¿qué cuando las oportunidades se acaban?
En esos casos lo mejor es no correr, no gritar y no empujar, pero sobre todo nunca perder la paciencia.
Una amiga me dijo una vez que cuando la gente no te abre las puertas llega la hora de construir la propia, en este caso (estando en el pozo) construir una puerta no sirve de mucho, quizá una escalera, a falta de que alguien se decida a lanzarte una.
Y que cada peldaño se vuelva esfuerzo, sueños, esperanza, confianza y fe. Sobre todo lo primero, porque sin esfuerzo no puedes esperar que los sueños se cumplan solos, y por la misma razón, no tendría caso tener fe.
La realidad es que durante el transcurso de la vida seguiremos cayendo hacia el pozo una y mil veces, lo realmente importante es nunca olvidar que disponemos de una escalera que nos puede ayudar a salir e incluso a seguir subiendo hasta donde la dedicación, el esfuerzo y la confianza nos dejen.
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