Él llegó a mi vida, así, como llega todo lo bueno, sin esperarse. Y era de esas personas que están ahí pero las ves y no las miras, no les prestas atención porque quizá no es el momento de que lo hagas. Llegué a toparmelo frente a frente y lo sé aunque no logre recordarlo, sé que él estaba en la puerta de mi vida esperando entrar, o quizá yo estaba fuera de su puerta sin saber que era suya.
Y un afortunado día toqué a su puerta por error, y, también por error, abrió, y pasé y platicamos sin conocernos, y nos caímos bien sin mirarnos, y nos gustamos sin otra referencia más que nuestras palabras y nuestra música.
Cuando por fin me permitió verlo muchas respuestas entraron a mi cabeza resolviendo las preguntas que tenía desde que me echaron a patadas cerrándome una de las muchas puertas, llegué a la conclusión de que era él, no era un, era ÉL, el que buscaba, el que soñaba, el que por tanto tiempo me gustó sin saberlo, del que estuve enamorada desde que nací, o quizá desde antes.
Sin pensarlo decidí aprovechar la oportunidad que se me presentó a medias, que me condicionó a hacer algo malo para tener algo bueno. Algo valioso. Algo que, si funcionaba, sería eterno. Y no lo hice por capricho, lo hice por destino.
Y era él a quien estaba esperando para completarme, no para hacerme, sólo para complementarme, era él la respuesta a mi "quién me va a salvar", era él mi respuesta a "con quien quiero estar". Era es y será. Él. Yo. Nosotros.
domingo, 29 de septiembre de 2013
jueves, 26 de septiembre de 2013
De pozos y escaleras
A veces uno pierde la esperanza, cuando eso que tanto quieres no llega del modo que te imaginabas, cuando se escapan los sueños de las manos peor que el agua, cuando las cosas se aclaran y descubres que no eran tan buenas cómo parecían. Y entonces, dicen, cuando estás en lo más profundo del pozo hay algo que te rescata, que te salva, que te devuelve lo perdido, que te regala lo buscado, que te permite encontrarte. Pero, ¿qué pasa cuando todos deciden dejarte en el pozo? ¿qué cuando no hay nadie que te tome de la mano? ¿qué cuando las oportunidades se acaban?
En esos casos lo mejor es no correr, no gritar y no empujar, pero sobre todo nunca perder la paciencia.
Una amiga me dijo una vez que cuando la gente no te abre las puertas llega la hora de construir la propia, en este caso (estando en el pozo) construir una puerta no sirve de mucho, quizá una escalera, a falta de que alguien se decida a lanzarte una.
Y que cada peldaño se vuelva esfuerzo, sueños, esperanza, confianza y fe. Sobre todo lo primero, porque sin esfuerzo no puedes esperar que los sueños se cumplan solos, y por la misma razón, no tendría caso tener fe.
La realidad es que durante el transcurso de la vida seguiremos cayendo hacia el pozo una y mil veces, lo realmente importante es nunca olvidar que disponemos de una escalera que nos puede ayudar a salir e incluso a seguir subiendo hasta donde la dedicación, el esfuerzo y la confianza nos dejen.
En esos casos lo mejor es no correr, no gritar y no empujar, pero sobre todo nunca perder la paciencia.
Una amiga me dijo una vez que cuando la gente no te abre las puertas llega la hora de construir la propia, en este caso (estando en el pozo) construir una puerta no sirve de mucho, quizá una escalera, a falta de que alguien se decida a lanzarte una.
Y que cada peldaño se vuelva esfuerzo, sueños, esperanza, confianza y fe. Sobre todo lo primero, porque sin esfuerzo no puedes esperar que los sueños se cumplan solos, y por la misma razón, no tendría caso tener fe.
La realidad es que durante el transcurso de la vida seguiremos cayendo hacia el pozo una y mil veces, lo realmente importante es nunca olvidar que disponemos de una escalera que nos puede ayudar a salir e incluso a seguir subiendo hasta donde la dedicación, el esfuerzo y la confianza nos dejen.
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