De películas y libros verdes

domingo, 30 de diciembre de 2012

Ana

Claro que no. No estaba enferma, no tenía hambre, eso era todo. Mi estómago se había vuelto más pequeño, me habían dicho ¿y qué tenía de malo? iba a comer como siempre, nada iba a cambiar. Unos gramos menos, me caen bien. Me veo más linda, todos notan que estoy más delgada. Estaba harta de escucharlos llamarme "gordita". No me sentía enferma, me sentía fuerte. Me sentía hermosa. Pero algo fallaba, seguían esos kilos de más y esos rollos, esas lonjas y esa grasa que salía de mis poros cual sudor. Y a todos les daba asco verme, y el reflejo en el espejo prefería voltearse. Y mi comida cada vez era menos. Y yo cada vez era más. Menos grasa, más fuerza. Más belleza. Y me sentía libre, y casi me sentía volar. Casi me sentía flotar. Los huesos cada día se notaban más. Mi pelvis, mis hombros, la espalda. Nadie me veía sin ropa, no eran dignos. No aún. Comenzaba a darme frío con más facilidad, mis rodillas se doblaban del peso que tenían que soportar. No era débil, era gorda. Muy gorda. No merecía seguir sus dietas. Ana no estaba feliz. Y me cortaba, profunda y lentamente, debía doler, era el costo de no hacer las cosas bien. Kilos menos, más fuerza, más seguridad, más belleza. Más yo. Más Ana. Podía sentirme feliz, sentía que volaba sin alas, que me desplazaba sin necesidad de mis piernas. Pero ya no podía moverme. No quería el suero, no lo necesitaba. No necesitaba el hospital, ni la estúpida camilla. No necesitaba a mi familia. Nadie había estado nunca conmigo. Nadie notó mi belleza, nadie notó mi perfección. Porque nunca llegué a ella, porque ahora se empeñaban en engordarme. Y no lo lograron. Y aunque no hubiera muerto jamás lo habrían hecho. Ana siempre estuvo ahí cuidando de mí. Menos ahora. Aquí, aquí estoy verdaderamente sola. Y dejé todo por nada. Comida por huesos. Amor por perfección. Y ahora me siento más imperfecta que antes. Más que al comienzo.
Mariana Valtierra Vargas (Nanuz)

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