Ella llorando por "el amor de su vida" y él que no la piensa ni un solo día.
Tenía tantas ganas de decirle que lo amaba, tantas, que de a poco se esfumaban.
Ellos tan sólo eran niños, todos decían que del amor nada sabían.
Y era cierto, o al menos una parte, porque él no tenía idea de lo que "entregarse por completo" significaba
No estaba bien, aunque tampoco mal, pero cuando el amor de una pareja se concentra en una sola persona, todo termina siendo un tanto drástico.
¿Él la amaba? Quien sabe, quizá no supo demostrarlo, lo cierto es que el corazón de ella se estaba cansando.
Se lo había dado todo, claro. Todo como garantía de que jamás de su lado se iría.
¿Funcionó? Claro que no, cuando el amor no es mutuo, las promesas son efímeras...y condicionales.
Ella lo espero, ella le rogó, ella fue paciente, ella enloqueció.
Enloqueció de amor, y lloró y sufrió como nunca antes lo había hecho. Y sentía que no había persona más miserable en la vida aunque se equivocaba. Pero ella no miraba, no sabía ver algo que no fuera su cara.
Y a él poco le importaba, sus prioridades dentro de otro sitio estaban. Y ella esperaba, porque lo amaba.
Y al principio tuvo sus cosas buenas, claro, ella no habría sido tan tonta para enamorarse de algo que representase terreno inseguro. Él y ella pisaban firme, aunque más bien sentían que flotaban.
Él se hartó de esa sensación, o quizá del hecho de flotar con la misma persona tantas veces, buscaba novedad, no quería hastío. Ni a ella. O al menos eso creía.
Ella seguía amándolo, tal vez más que al principio, pero no importaba en lo absoluto, porque cuando el amor sólo está para dar, algún día, inconscientemente, lejos decide ir a parar.
Y después de regaños, fastidios, luchas internas, pero sobre todo, indiferencia de él, logró entender. Entendió que no la amaba, ni la quería, ni la estimaba, sólo la lastimaba. Y comprendió que seguir ahí era estúpido, porque había cosas que él se negaba a recibir y cosas que ella estaba harta de enviar.
Y la emoción por verlo se transformó en furia, en coraje, en resentimientos, en todo menos en amor.
Estaba tan harta de verlo que dejó de hacerlo, y se alejó, poco a poco lo logró. Y de su interior coraje tomó para eliminar todo rastro que de él pudiera quedar. Pero las cenizas son difíciles de limpiar.
Casi un año después regresó arrepentido, él había cambiado, él estaba listo para amarla, él estaba listo para un nuevo comienzo. Pero ella no.
Mariana Valtierra Vargas (Nanuz)