De películas y libros verdes

viernes, 18 de enero de 2013

Exageradamente mal

¿Todo va igual? Porque yo me siento mejor, más tranquila que cuando estaba contigo. Porque tengo más libertades. Porque cuando estaba contigo no era por decisión, era por sumisión, y no era exageradamente malo como para salir corriendo pero el hecho de que me quisieras ahí todo el tiempo lo hacía parecer así. Exageradamente malo. Y con todas las discusiones y problemas todo terminó peor. Peor que exageradamente mal. Y no es sólo tu culpa, también acepto mis errores y en su momento acepté mis responsabilidades, pero lo nuestro era como una casita que construimos lentamente, y que después tiramos en menos de un segundo. La tiramos por gusto o por miedo, o por ambas. Ni tú querías estar ahí ni yo quería seguir así, pero nos aferramos, y nos quedamos viviendo mucho más tiempo en una casa que ya ni siquiera podía levantarse. Nos quedamos viviendo en escombros. Un tiempo que parecía una eternidad, no le veía fin a nuestra estadía en esas habitaciones inexistentes y era porque en el fondo creíamos que podíamos vivir entre los escombros, ya ni siquiera nos interesaba reconstruir la casa, volver a empezar. Y hay un punto en donde ya no es bueno avanzar ni retroceder, pero peor que eso es quedarte estancado, es decidir seguir ahí sólo porque el pasado y el futuro son inciertos. Y el presente es terrible, pero conocido. Es un gran paso decidir avanzar hacia adelante, hacia el futuro, y decidir no voltear aún más, porque siempre que te vas de casa se queda un vacío, uno que tienes que llenar a como dé lugar, no por obligación sino por comodidad. Tú avanzaste primero, decidiste dejarme con la casa rota, vacía. Sin casa. Lástima que ese no fue tu error. Tu error fue regresar a la casa cada cierto tiempo. Qué sorpresa debió suponerte regresar y no encontrarme.
Mariana Valtierra Vargas (Nanuz)

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