De películas y libros verdes

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cuando los cielos se aburren

Era un día 29, de un mes cualquiera pero lo diré, era mayo del 2013, un año como todos los demás, un día común hasta que dieron poco más de las 8:15, entonces el cielo comenzó a cambiar de colores, primero se hizo de una tonalidad amarilla, luego pasó a un morado claro y pocos minutos despues se volvió azul marino y continúo con sus colores normales de anochecer. Un suceso sin igual, claro, un suceso memorable, uno que merecía ser recordado. Todos pudieron observarlo, algunos mientras compartían su asombro con otros ayudados de una pantalla y un teclado, otros saliendo del trabajo, unos cuantos más saliendo de casa rumbo a alguna fiesta de adolescentes. Da igual, nadie sabía porque el cielo se había rebelado contra la naturaleza y decidido tener sus propios colores pero no lo sabían porque no les importaba tanto, porque un suceso así no era un acto de simple rebeldía, era algo hermoso, algo que no volvería a verse en mucho tiempo. Y así, dejaron transcurrir los coloridos minutos en espera de un anochecer, pero más que de eso, deseando que ese magnífico atardecer durara un poco más. Todos corrieron por sus cámaras, por sus celulares, todos querían guardar el momento, quienes no tenían forma de capturarlo por siempre para la vista de las generaciones futuras decidieron componerle una canción a aquel cielo nuevo, a aquel cielo que para algunos representaba esperanza, otros, como yo, simplemente decidimos escribirlo.
Dicen que cuando la naturaleza se aburre decide cambiar las cosas sin pensar en nadie, ni en nosotros. Dicen que el cielo estaba harto de ser azul, anaranjado, rosa y finalmente azul marino para terminar en un terrible negro casi ausente de vida, alguien me dijo que, sin permiso de la naturaleza ni de Dios ni de nadie quiso ser amarillo, sólo por un día, y también morado para variar, quiso salir de la rutina, quiso escapar, porque lo que parece ausente de vida también la tiene, porque las rocas también se aburren de ser rocas, porque los árboles también se hartan de ser dominados por el viento y porque el cielo, porque el cielo también se cansa de tener siempre el mismo atardecer.
Foto por Lissete Flores

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